miércoles, 5 de diciembre de 2007

Ojo de dragón, de Andy Oakes

Para el inspector jefe Sun Piao este caso no empieza bien, en la misma escena del crimen comienzan los problemas para él. A las orillas del río Huangpun aparecen ocho cuerpos mutilados y unidos por pesadas cadenas; el forense se niega a examinar los cuerpos; ningún hospital quiere hacerse cargo de ellos; además la presencia del presidente del distrito urbano y del representante del comité del barrio tampoco ayuda, sobre todo cuando Piao insinúa que el Partido puede estar implicado en los asesinatos y estos le amenazan con la intervención en el caso de importantes camaradas del Partido.

Pero no teman, Piao es un hombre de recursos y no se arredra ante nada. Los cuerpos, custodiados por dos policías de confianza, son trasladados en una furgoneta a un almacén perteneciente al primo del inspector. El reconocimiento de los cuerpos lo realiza un joven estudiante de ginecología, hermano del ayudante de Piao; en un caso así un médico es un médico, la especialidad importa poco. A pesar de las mutilaciones el joven estudiante averigua ciertas cosas que pueden ser útiles en la investigación: la primera y más evidente, son siete hombres y una mujer; la segunda, dos de los hombres son eurasiáticos, probablemente estadounidenses.

Ojo de dragón es la primera novela de Andy Oakes y ha sido galardonada con el Premio Europeo de Crimen y Misterio 2.004. La segunda, El primer ciudadano, acaba de ser editada también por Alianza Editorial.

 

Barbara echó atrás la cabeza y se rió. A Piao la risa le recordó el sonido que hace el agua al caer sobre guijarros.

-Es la primera vez que la oigo reír.

-Es la primera vez que río en mucho tiempo. Suelo reírme mucho. Supongo que últimamente no tengo mucho de que reírme.

Las palabras, Piao las conocía... aquellos sentimientos, también los conocía.

-Reír puede ser más difícil que llorar. Reír es hacerse un poco cargo de lo que Dios tenía en mente cuando creó el mundo.

La mano de Barbara estaba una vez más en el hombro de él. Piao deseó que nunca la dejase.

-Eso es hermoso. Muy bello. ¿Dónde lo oyó? ¿Es de Confucio?

-No, no es de Confucio. Lo leí en un antiguo libro americano. Creo que se llamaba el Reader's Digest.

Ella se volvió a reír. Piao se abrió paso con el coche hacia la calle Jinling, saboreando la risa de ella, pero sin idea de por qué se había producido. Era cierto. Los estadounidenses podían ser personas muy complicadas.

 

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5 comentarios:

Madame Vaudeville dijo...

Para mí también es más difícil reir que llorar...(No sólo de pena, también de felicidad o de emoción).Gracias por la recomendación, linda. Me gustan las novelas de misterio. Besitos nocturnos

ANA dijo...

Claro que reir es más difícil que llorar. A veces hasta lloramos de alegría, pero somos incapaces de reir.
La risa ilumina los rostros apagados, enciende la mirada, y deja asomar el alma a nuestra cara.
"Una sonrisa es la luz en la ventana, que avisa a la gente de que tu alma está en casa".
Un abrazo,
ana

Chechu dijo...

Gracias por tu consejo, siempre se echa de menos un buen consejo de literatura. Saludos.

Francisco Machuca dijo...

Bueno Lucía,es el tercer comentario que intento enviarte en este post.El comentario original se ha ido transformando.
No conozco el libro y siempre es un placer descubrirlos en La calavera...Ultimamente me dedico a releer y descubrir libros olvidados en las librerías de viejo.
Besos Lucía.

Piel de letras dijo...

Juro que también envié un comentario y de hecho antes que apareciera comentario alguno, pero no se qué pasó.
De cualquier manera es siempre un placer visitarte.