Tenía ganas de leer este libro, conocía tantas buenas reseñas sobre él que ya me daba un poco de vergüenza haberme despistado tanto, como abnegada lectora de novela negra que soy ya no podía retrasar más el momento de empezarlo.
Al haber tantas apostillas en la red no voy a hacer otra al modo tradicional para no aburrir a los distinguidos lectores, por lo que esta entrada va ser sobre algunas de las cosas que más me han gustado de Ojos de agua. Solo hablo de unas pocas , porque el libro me ha gustado de principio a fin pero no es plan de contarlo todo aquí.
Me ha gustado:
-Que el encabezamiento de cada capítulo fuese un sustantivo con sus diferentes acepciones, y que una de ellas tuviese que ver con lo que estaba por acaecer.
-Que algunos personajes dijesen carallo o cosiña, entonces me imaginaba los diálogos con acento gallego y no podía evitar recordar una compañera de clase que era gallega.
-La mala leche que se le pone a Rafael Estévez, el compañero del inspector Caldas, cuando le responden con otra pregunta. A Estévez lo acaban de trasladar desde Zaragoza a Vigo y no acaba de entender el espíritu gallego.
-Que el inspector Leo Caldas encienda un cigarrillo al entablar una conversación, para protegerse de su timidez tras un escudo de humo.
-Que algunas escenas consigan hacerme reír y que otras, como la que interpreta Estévez en un bar de alterne, consigan arrancarme verdaderas carcajadas.
Ya tengo la segunda novela de Domingo Villar sobre el inspector y su ayudante, La playa de los ahogados, me la ha dejado amablemente Lammermoor. Quedé el otro día con ella para ir de compras a la librería de viejo y tomar un café y de paso me trajo el libro, me dijo que si Ojos de agua me había gustado, La playa de los ahogados me iba a gustar mucho más. Can’t wait.
