miércoles, 31 de octubre de 2007

Parad los relojes




Mount Wroclai (Idle days). Beirut Band.



Parad los relojes

Parad los relojes, descolgad los teléfonos,
impedid que el perro ladre dándole un hueso jugoso.
Silenciad los pianos, y al compás de amortiguados tambores,
sacad fuera el féretro, y dejad que entren los amigos.

Que los aviones den vueltas en señal de luto
y escriban en el cielo el mensaje: "Él ha muerto",
poned cintas de luto en los blancos cuellos de los cisnes,
y que los guardias se pongan sus guantes negros de algodón.

Él era mi norte y mi sur, mi este y mi oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi día y mi noche, mi charla y mi música,
pensé que el amor era eterno: estaba equivocado.

No quiero estrellas ahora, haced negra la noche,
retirad la luna, oscureced el sol,
vaciad los océanos y talad los bosques,
porque ahora ya nada podría hacerme ningún bien.

W. H. Auden.



Tags: , , ,    Powered by Qumana

lunes, 29 de octubre de 2007

Jen Stark


Primarios: Azul.

Círculo

Estallido

Jen Stark

Tags: ,       Powered by Qumana


sábado, 27 de octubre de 2007

Analogía


EL CREADOR SIN ESCAPE

y IV. DIOS PRIMERO


Días nulos, cual los días
de parada indiferencia
de dios antecreador.

(Todo duro, entero todo,
en mole de un orden negro,
como un yo tan sólo yo).

De pronto, un día de gracia,
todo me ve con mis ojos,
me parto en mundos de amor.



Canciones de nueva luz. Juan Ramón Jimenez. Visor Libros



Angel Eyes.
Only The Lonely. Frank Sinatra & Nelson Riddle (Capitol Records, 1958)

Tags: , , ,    Powered by Qumana

jueves, 25 de octubre de 2007

Mérito, capacidad y una ventana al campo




J. S. Bach / Glenn Gould




De la adherencia a la antigüedad
Pero la enemiga más mortal del entendimiento, y aquella que ha infligido el mayor castigo a la verdad, ha sido una adhesión perentoria a la autoridad, y en especial el establecer nuestras creencias sobre los dictados de la antigüedad. Pues (como cada uno puede observar) la mayoría de los hombres de las edades presentes mira con tanta superstición las edades pasadas que las autoridades de una exceden a las razones de otra. Y como las personas de esas edades están, en verdad, muy alejadas de nuestros tiempos, sus obras, a diferencia de las nuestras, que pocas veces pasan sin disputa, ya sea por parte de contemporáneos o de sucesores inmediatos, han quedado ya fuera de la distancia de las envidias. Y cuando más retiradas de los tiempos presentes, más se juzga que se acercan a la verdad en sí. Pero creo que aquí nos engañamos manifiestamente, y que nos alejamos un luengo trecho del camino de la verdad.



Sobre errores vulgares. Thomas Browne. Traducción de Daniel Waissbein. Siruela

Tags: ,           Powered by Qumana


martes, 23 de octubre de 2007

La ladrona de libros, de Markus Zusak.

Esta es la historia de Liesel Meminger, una niña alemana de 9 años, y de cómo llegó a un hogar de acogida donde su nuevo padre la enseñó a leer; de cómo empezó a robar libros y su amor por las palabras; de cómo conoció a Rudy, su mejor amigo, un chaval al que le gustaba pintarse la cara de negro para imitar a Jesse Owens.
También es la historia de un judío escondido en un sótano, donde escribe dos libros sobre las páginas arrancadas y pintadas de blanco del Mein kampf, para regalárselos a esa niña alemana que le cuida y vigila como el mejor ángel de la guarda.
Y, cómo no, el telón de fondo es la Segunda Guerra Mundial y una Alemania dónde no todos siguen las consignas del Fürher aún a riesgo de ser severamente castigados.
Todas estas historias y muchas más son narradas por una silenciosa y atareada observadora: la muerte. Pero no teman, no es esa muerte que todos imaginamos oculta bajo un manto negro y cargada con una guadaña, es...
No les cuento nada más, tendrán que descubrirlo por si mismos, sorprenderse y emocionarse hasta el borde de las lágrimas como hice yo. No les voy a dar todo el trabajo hecho ¿no?.




Tal vez estaban húmedos. Tal vez habían apagado la hoguera antes de que el fuego llegara al interior. Sea como fuere, se acurrucaban entre las cenizas, conmocionados. Supervivientes.
-Tres libros- musitó Liesel, y se volvió hacia los hombres, que estaban de espaldas.
-Vamos, ¿quieres despabilar? Estoy muerto de hambre- dijo uno de ellos.
Se dirigieron hacia el camión.
Los tres libros asomaron la nariz.
Liesel se acercó.
El calor seguía siendo bastante intenso al pie del montón de cenizas. Metió la mano y tuvo la sensación de sufrir un mordisco, pero al segundo intento se aseguró de hacerlo con más rapidez y atrapó el libro que tenía más cerca. Estaba caliente, aunque también húmedo. Si bien tenía los bordes chamuscados, todo lo demás permanecía intacto.
Era azul.
La tapa parecía trenzada con cientos de fibras apretadas unas contra las otras. Tenía unas letras impresas en rojo, pero la única palabra que Liesel tuvo tiempo de leer fue "hombros". No dio para más, y había un problema: el humo.




La ladrona de libros. Markus Zusak. Editorial Lumen.

Tags: , ,     Powered by Qumana

domingo, 21 de octubre de 2007

Jean-Sébastien Monzani

Fotografías pertenecientes a la serie: Viajeros inmóviles.





Jean-Sébastien Monzani

Mandarina Azul nos ha contado su historia.

Tags: ,           Powered by Qumana


viernes, 19 de octubre de 2007

Lucia Popp




Lucia Popp (Biografía)



Luna, que con tu luz iluminas todo
desde las profundidades del cielo
y vagas por la superficie de la tierra
bañando con tu mirada el hogar de los hombres.
¡Luna, detente un momento
y dime dónde se encuentra mi amor!
Dile, luna plateada,
que es mi brazo quien lo estrecha,
para que se acuerde de mí
al menos un instante.
¡Búscalo por el vasto mundo
y dile, dile que lo espero aquí!
Y si soy yo con quien su alma sueña
que este pensamiento lo despierte.
¡Luna, no te vayas, no te vayas!


Rusalka. Jaroslav Kvapil / Anton Dvorak.
KAREOL.(Libreto de la ópera y muchas más cosas interesantes).

Tags: ,      Powered by Qumana

miércoles, 17 de octubre de 2007

Improvisando


IMPROVISANDO
En la secuencia que estamos rodando se supone que irrumpo en una cabaña de una plantación de tabaco en decadencia y descubro que un amigo de la infancia, al que hace veinte años que no he visto, se ha ahorcado. La interpretación del “amigo” corre a cargo de un maniquí, al que se han hecho unos retoques: el cuello roto, unos globos oculares a punto de salir disparados, sangre de trucaje en la comisura de los labios, el cuerpo hinchado y una piel blanca como la leche. Cualquiera se da cuenta de que es un maniquí. No engañaría ni a un perrito faldero. Pero yo debo, como sea, transmitir la sensación de que, en efecto, es mi viejo amigo de la infancia, cuyo rastro perdí hace mucho tiempo. El maniquí no guarda parecido alguno con ninguna persona, viva o muerta, a la que haya conocido. He visto cadáveres, pero no se parecían en absoluto a éste. Los únicos cadáveres que he visto colgados eran de ciervos y faisanes. He presenciado la muerte muchas veces, pero el recuerdo de las personas cuya agonía he asistido no provoca en mí nada parecido a una respuesta adecuada a esta situación. El pesar es distinto del horror. Sé cuál debería ser la reacción de mi personaje, pero sé también que si trato de reproducir esa idea que me ronda por la cabeza, el resultado será exactamente lo que es: una imitación. Opto por no darle más vueltas e improvisar en la primera toma. Sin ensayo alguno; improvisar y ver qué sale.
Irrumpo en la cabaña y descubro el falso cadáver colgado del techo, pero en el momento en que alzo la mirada, la puerta se desprende de las bisagras y me cae en la cabeza. Una desagradable sorpresa. Mientras me recupero del golpe, se me ocurre que, de hecho, tal vez sea una buena manera de enfocar la reacción de personaje ante su descubrimiento. Como si una puerta le golpease en la cabeza. ¿Por qué no? Es lo primero que se me ha ocurrido hasta el momento. En la segunda toma, después de haber recolocado la puerta, lo intento de esa manera. Me dejo llevar.
-¡Sí, sí! –dice le director-. Pero parece una reacción más física que psicológica. ¿Por qué?
-Oh, ¿quieres una reacción “psicológica”? –la pregunto-. No sabía que era eso lo que buscabas.
-Bueno, “psicológica” tal vez no sea la palabra correcta. Pero ya sabes a qué me refiero. Algo relacionado con su tormento.
-Ah, de acuerdo. Tormento psicológico. De acuerdo.
-Bueno, tal vez ésa no sea la expresión exacta. Simplemente, no he visto claro a qué estímulo estabas respondiendo al interpretar la escena.
-Trataba de hacerla como si me acabase de golpear una puerta en la cabeza.
-Ya veo. Pero ¿por qué? ¿Qué tiene que ver eso con la situación? –me pregunta.
-No lo sé. He pensado que tal vez funcionase. Espero ansioso cualquier sugerencia.
-Bueno –dice-, es muy simple. Hace veinte años que no ves a tu amigo, entras en la cabaña y descubres que se ha colgado de una viga. Eso no tiene nada que ver con que a uno le caiga una puerta en la cabeza, ¿no te parece?
-Supongo que tienes razón, no sé. Sí, sospecho que estás en lo cierto. Sólo estaba experimentando un poco.
-¡Muy bien! ¡Eso está muy bien! Me encanta la experimentación. Yo también soy un experimentador. Intentemos algo diferente. ¿Estás listo? ¿Está listo todo el mundo? Vamos a intentar una nueva toma.
-Estoy listo –digo.
-¡Muy bien! ¡Cámara! ¡Cámara! ¡Silencio, por favor! ¡Silencio! ¡Vamos allá de nuevo!
En la tercera toma, irrumpo en la cabaña y la puerta se mantiene en sus bisagras; no actúo como si me hubiese golpeado en la cabeza; alzo la mirada hacia el falso cadáver; no sucede nada; me fijo en una radio que hay sobre un banco, me acerco titubeando hacia ella y la enciendo.
-¡Corten! ¡Corten! –grita el director-. Esto tampoco lo entiendo. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Por qué de repente enciendes la radio? No lo cojo.
-No tengo ni idea –le respondo-. Ha sido un impulso.
-¡Bien! ¡Muy bien! Me encantan los impulsos. Así es como me gusta trabajar. Instintivamente. Está muy bien. Intentémoslo de nuevo.
-Pero me acabas de decir que no lo has entendido.
-No, pero resulta muy misterioso. Tiene connotaciones misteriosas. Puede resultar interesante. Se me ocurre una idea. ¿Qué te parece si la radio está encendida cuando irrumpes en la cabaña? Descubres el cadáver y después te acercas a la radio y la apagas. ¿Lo intentamos?
-¿Te refieres a apagarla en lugar de encenderla?
-Exacto –dice-. Eso es. Apagas la radio.
-¿Es lo único que quieres cambiar?
-En efecto. Todo lo demás es perfecto.
-De acuerdo.
En al cuarta toma, irrumpo en la cabaña y descubro el cadáver; la radio está encendida; me dirijo a ella y me quedo contemplándola. La cámara sigue rodando a mis espaldas. La radio sigue encendida.
-¡Corte! ¡Corten! ¿Qué pasa ahora? –dice el director.
-Bueno, sabes, me preguntaba…, trataba de seguir un nuevo impulso.
-¿De qué se trata esta vez?
-Me preguntaba qué tal resultaría si siguiera escuchando la radio durante un rato, después de descubrir el cadáver de mi amigo colgado de la viga.
-Sí, pero ¿cuánto rato? –pregunta-. No podemos quedarnos filmándote de espaldas, sin más. Carece de interés.
-Es verdad, tienes razón.
-Volvemos a empezar. Ya casi lo tenemos. Esto me da buenas vibraciones. Creo que estamos muy, muy cerca.
En la quinta toma, irrumpo en la cabaña; descubro a mi amigo el maniquí; voy directamente hacia la radio encendida y la apago de un manotazo.
-¡Corten! ¡Corten! –ordena el director-. Ahora me parece…, me parece que resulta demasiado automático. Va directamente hacia la radio y la apaga como si no hubiese pasado nada. No hay ninguna razón. Ha perdido todo su misterio.
-Estoy de acuerdo –admito-. He tenido esa sensación desde el principio. Hay una clara falta de misterio.
-Bueno, vamos a intentarlo otra vez. Ahora estamos muy cerca. Lo noto.
En la sexta toma, irrumpo en la cabaña; descubro el cadáver; me quedo paralizado un instante; me dirijo hacia la radio; de nuevo me quedo quieto, y tiro la radio al suelo de un puñetazo. Noqueo a la muy hija de puta.
-¡Corten! ¡Corten! –grita el director-. ¡Perfecto! ¡Perfecto! Ésta es la buena. ¡Positivad ésta! ¡Ha sido perfecto!

3/90 (Paso de Valencia, México)
(Aunque digan “¡Acción!”, eso no significa que tengas que hacer todo. MARLON BRANDO)



Cruzando el paraíso. Sam Shepard (Anagrama)





Último tango en París. Gato Barbieri.

Tags: , , ,    Powered by Qumana

lunes, 15 de octubre de 2007

Otomanos





Ecología otomana

Cuando el conde Potocki visita Estambul, la actitud que hoy llamaríamos ecologista de sus habitantes cautiva inmediatamente su atención. Si tenemos en cuenta que por aquellas fechas Jovellanos se lamenta de la indiferencia de los castellanos a los ya escasos árboles de la Meseta, convencidos como están de que "empañan la pureza del aire" -razón por la cual no responden, no obstante su pobreza, a los incentivos pecunarios de los "ilustrados" en favor de la repoblación forestal-, la postura diametralmente opuesta de los otomanos resulta en verdad notable:
"Pero lo que acabrá sin duda de ganar vuestro ánimo tocante a los turcos -escribe- es su respeto a los árboles. Cortarlos es un delito inconmensurable que solivianta al vecindario; así, harán lo imposible para evitarlo. A menudo he visto tiendas edificadas en torno a un gran plátano que emergía por el techo y lo cubría con su follaje, o paredes atravesadas con ramas que no habían tenido la osadía de cortar. En su mayor parte, los árboles viejos están ceñidos de terraplenes destinados a sujetar sus raíces."

Estambul Otomano. Juan Goytisolo.




Día de la acción del blog

Tags: , , ,     Powered by Qumana

viernes, 12 de octubre de 2007

Rolf Escher


Herzogin-Anna-Amalia-Bibliothek Weimar, Empore Bleistift, 1998.


Wendeltreppe, Juristische Bibliothek im Rathaus München Bleistift, 1999



Universitätsbibliothek Coimbra Tuschfeder und Aquarell, 1992/99

Rolf Escher

Noemí nos ha descubierto la biblioteca de Cottbus.

Tags: ,     Powered by Qumana


miércoles, 10 de octubre de 2007

El templo de la Garza Escarlata, de Tran-Nhut

Este es el primer libro que edita Tropismos de las hermanas vietnamitas Tran-Nhut sobre el mandarín Tân, personaje inspirando, según reza en la contraportada "en un antepasado de su madre".
Ambientado en el Vietnam del siglo XVII, en la modesta provincia Alta Luz a la que es asignado el Mandarín Tân después de aprobar las oposiciones. Entre sus funciones está la de ejercer como gobernador, como jefe del servicio administrativo y jefe del servicio judicial, presidir el consejo municipal y como caso extraordinario actuar como detective. Para ello cuenta con la ayuda de su amigo Dinh que también es funcionario. El segundo rango de autoridad en la provincia lo ostenta el comandante Quôc, mandarín militar, con el que no mantiene muy buenas relaciones.
Las primeras semanas en su cargo se suceden tranquilamente entre banquete y banquete de las familias más importantes de la provincia, que desean granjearse el beneplácito del mandarín y casar a sus hermosas hijas con él, pero pronto estos placeres se verán interrumpidos por un terrible suceso que conmociona a todos. Un niño mendigo perteneciente al grupo de huérfanos Los Engendros del Árbol Enano aparece asesinado. Poco después son asesinados dos niños más. Todos los niños, a cambio de su salario, habían sido acogidos por los monjes en el Templo de la Garza Escarlata.
Para resolver estas deplorables muertes el mandarín no dudará en poner en peligro su vida y viajar a las montañas del norte del país.





El afortunado alumno desenrolló su copia, se aclaró la garganta y leyó con voz un tanto trémula:
-Un hijo único paseaba con sus padres en barca. Habían llevado redes de pesca y, por la tarde, las sacaron llenas. Habían pescado tanto que el fondo de la barca empezó a ceder. Entonces el hijo arrojó a sus padres al agua, cumpliendo así con el más hermoso gesto de piedad filial que se pueda dar sobre la faz de la tierra.
Los compañeros de Guijarro quedaron petrificados. Pero el chico prosiguió:
-Ya que, si hubiera ahogado a uno de sus padres, el otro habría sufrido mortalmente. Y si se hubiera sacrificado a sí mismo, ¿quién habría honrado la memoria de sus padres, una vez éstos fallecidos? Sólo un hijo puede cumplir con el culto de los ancestros y rezar por su paz cuando mueren. Por tanto, creo que actuó de la mejor manera.
Incrédulos, los demás alumnos no osaron aplaudir ante aquella solución audaz, y buscaron antes la aprobación del maestro.
-Ven aquí, Guijarro -dijo el señor Ba con una leve sonrisa.
Cuando el chico se aproximó, lo tomó por el codo con suavidad. Luego, con gesto rápido, le levantó el brazo; con la otra mano haciendo pinza el pulgar y el índice, le pellizcó la axila, retorciéndolo cruelmente.
-¡Pedazo de idiota! -exclamó, fulminante-. ¿No se te ha ocurrido que se podía arrojar el pescado al mar?




Tags: , ,     Powered by Qumana




lunes, 8 de octubre de 2007

Pasión


Vi en Louisiana crecer una encina.

Yo vi una encina que crecía en Louisiana,
Estaba sola y de sus ramas colgaba el musgo,
Sin un compañero se erguía ahí prodigando felices
hojas de un verde oscuro,
Y su aspecto rudo, inflexible, animoso, hizo que yo
pensara en mí,
Pero me asombró que fuera capaz de prodigar hojas
felices, sola, sin un amigo cerca; yo no podría hacer
lo mismo,
Y arranqué una ramita con cierto número de hojas y
con ellas entretejí un poco de musgo,
Y me la llevé y le di un lugar en mi cuarto,
No la preciso para recordar a mis queridos amigos,
(Porque creo que últimamente casi no pienso en otra
cosa),
Pero es un curioso símbolo para mí, me hace pensar
en el amor viril,
A pesar de ello y aunque la encina sigue resplandeciendo
en Louisiana, sola en la llanura,
Prodigando felices hojas toda su vida, sin un amigo ni
un amante,
Yo no podría hacer lo mismo.



Cálamus. Hojas de hierba. Walt Whitman. Traducción de Jorge Luis Borges.




Passion Fish (1992). Dirigida por John Sayles.

Tags: , , , ,
Powered by Qumana

sábado, 6 de octubre de 2007

Doctrina de los afectos





Rondeau des Indes Galantes. Jean Philippe Rameau.





Teoría estética de la música en el período barroco. Bajo la influencia de la retórica clásica, los teóricos y compositores del barroco tardío sostenían que la música es capaz de despertar una variedad de emociones específicas en el auditor y que además, mediante el empleo de procedimientos o recursos musicales apropiados, el compositor podía suscitar en su audiencia una determinada respuesta emocional involuntaria. A fines del s. XVII se solía organizar movimientos individuales de una obra en torno a una sola emoción. El resultado de esto era la falta de contrastes fuertes y los ritmos repetitivos característicos de la música barroca. Se hicieron varios intentos para sistematizar los efectos emocionales de las distintas escalas y figuras musicales, pero nunca se llegó a un consenso.

Enciclopedia Britannica



Tags: ,      Powered by Qumana

jueves, 4 de octubre de 2007

Ashes and snow

Vídeo visto en el blog de David Caballero, Gnomusy.





No dejen de visitar la página oficial de Ashes and snow de Gregory Colbert






La expulsión del Paraíso es eterna en su parte principal: entonces, la expulsión del Paraíso es eterna, la vida en el mundo, inevitable; pero la eternidad del suceso hace que a pesar de todo sea posible no sólo que podamos permanecer de manera duradera en el Paraíso, sino que en realidad estemos de manera duradera en él, sin importar si lo sabemos o no.

Aforimos de Zürau. Franz Kafka. Editorial Sexto Piso.



Tags: ,           Powered by Qumana

martes, 2 de octubre de 2007

Samarcanda



A veces, en Samarcanda, al atardecer de un día lento y triste, los ciudadanos ociosos van a deambular por el callejón sin salida de las dos tabernas, cerca del mercado de las pimientas, no para degustar el vino almizclado de Sogdián, sino para espiar idas y venidas u hostigar a algún bebedor achispado, al que arrastrarán por el polvo, cubrirán de insultos y condenarán a un infierno cuyo fuego le recordará hasta el fin de los siglos el rojo reflejo del vino tentador.
De un incidente parecido nacerá el manuscrito de las Ruba'iyyat en el verano de 1072. Omar Jayyaám tiene veinticuatro años y hace poco tiempo que llegó a Samarcanda. Esa tarde ¿se dirige a la taberna o es el azar del callejeo lo que le lleva hasta allí? Renovado placer el de recorrer una ciudad desconocida con los ojos abiertos a las mil sugerencias de un día que toca a su fin. [...]
En la plaza de los mercaderes de ahumados, una mujer encinta aborda a Jayyám. Apenas tiene quince años y lleva el velo levantado. Sin una palabra, sin una sonrisa en sus labios ingenuos, le quita de las manos un puñado de almendras tostadas que acaba de comprar. El paseante no se asombra, es una antigua creencia en Samarcanda: cuando una futura madre encuentra en la calle a un forastero que le agrada, debe atreverse a compartir su alimento, así el niño será tan hermoso como él, tendrá su misma silueta esbelta y los mismo rasgos nobles y regulares.

Samarcanda. Amin Maalouf.

       
El tulipán roba su púrpura a la sangre de un emperador muerto. Nace la violeta del lunar que adornaba el rostro de un adolescente.

Las Rubaiyyat. Omar Khayyam.



Tags: , , ,   Powered by Qumana